Comencé a dedicarme a la psicoterapia de forma plenamente vocacional en 2010, movido por una profunda curiosidad por el ser humano y por el deseo de acompañar a las personas en momentos importantes de sus vidas. Con los años he confirmado algo que sigo sintiendo cada día en consulta: la terapia tiene una parte de conocimiento y otra profundamente humana e intuitiva.
La psicología necesita formación, experiencia y herramientas contrastadas, pero también sensibilidad, escucha y la capacidad de comprender aquello que a veces ni siquiera puede expresarse con palabras. Cada persona tiene una historia única, una manera distinta de sentir, de protegerse, de sufrir y de buscar sentido. Por eso no creo en fórmulas rígidas ni en procesos idénticos para todos.
Entiendo la terapia como un espacio de encuentro contigo mismo, un lugar donde poder mirar con más claridad aquello que duele, aquello que se repite o aquello que quizá llevas demasiado tiempo sosteniendo en soledad. A veces mi función es acompañar, otras ayudarte a observar desde otro ángulo, poner palabras a lo que cuesta entender o ayudarte a reconectar con partes de ti que habían quedado olvidadas.
Creo profundamente en la alianza terapéutica y en la importancia del vínculo humano dentro del proceso. El conocimiento profesional es importante, pero la persona que llega a consulta sigue siendo la verdadera experta en su propia vida. Mi trabajo consiste en acompañarte a descubrir tus propios recursos, comprender tu historia y encontrar una manera más consciente y auténtica de vivirla.
“La terapia no consiste en convertirte en otra persona, sino en conocer quién eres verdaderamente y aprender a ser una buena compañía para ti mismo.”

